La
cordillera de los Andes en casi toda su extensión tiene minerales de cuantioso
valor. Esta gran riqueza mineral consiste en yacimientos de oro, cobre, plata,
estaño, hierro, zinc y plomo. El volcanismo y la acción de las aguas
subterráneas que se infiltran en el subsuelo, explican la presencia de tan alta
concentración de recursos minerales.
Las
máximas alturas de los Andes se encuentran en los volcanes Aconcagua (7.021 m)
y Ojos del Salado (6.885 m.) En la zona Norte, la placa de Nazca penetra más al
Este bajo la placa Sudamericana, por lo que la altura de la cordillera y la
depresión intermedia de Chile van disminuyendo hacia el Sur.
Al Sur del seno de Reloncaví, la
cordillera disminuye en altura y toma el nombre de Cordillera Patagónica. En
estas latitudes el mar penetra en sus valles, dando lugar a una costa de
fiordos.
La mayor riqueza del subsuelo
patagónico son yacimientos de metales preciosos, petróleo, gas natural y
carbón. Ya a fines del siglo XIX tuvo lugar en la Patagonia y Tierra del Fuego
una verdadera "fiebre del oro" que sin embargo no enriqueció a los
buscadores, sino a quienes les proporcionaron alojamiento y comida.
La cordillera de los Andes, en toda su extensión, es considerada una gran “Ecorregión”
con distintos ecosistemas que varían según su latitud.
En efecto, la Cordillera de los Andes
cubre en Sudamérica una superficie 1.542.644 kilómetros cuadrados en lo que se
concentra la mayor biodiversidad del planeta.
Esta enorme superficie, con sus
diversas condiciones ambientales y de microclimas, trasforma este gran
ecosistema de montaña en una fuente de gran riqueza biológica: genética,
ecosistémica y de especies.
Los millones de años de evolución de
la cordillera de los Andes son los responsables de tanta riqueza natural, pero
no debemos olvidar que las culturas humanas se adaptaron al entorno local
descubriendo, usando y modificando recursos biológicos locales.
Muchos sectores de la cordillera que
ahora permanecen sin presencia humana, fueron habitados por importantes culturas precolombinas ,
quienes cultivaron plantas en terrenos inviables, recolectaron distintos
recursos y hasta domesticaron fauna silvestre para su beneficio.
Por
ejemplo, los Andes tropicales, porción de la cordillera que comprende los Andes
Centrales, en Bolivia y Perú, y los Andes del Norte, en Ecuador, Colombia y
Venezuela, fueron llamados por el ecólogo británico Norman Myers
"epicentro mundial de la biodiversidad".
Albergan
unas 45 mil plantas, 20 mil de ellas endémicas, y 3.400 animales vertebrados,
más de 1.500 de ellos endémicos, en sólo el uno por ciento de la superficie
terrestre, según datos de la ONG Conservación Internacional.
Esa
riqueza "se distribuye en 133 ecosistemas en áreas a más de 500 metros de
altitud, y de los cuales 77 están presentes en Perú, 69 en Bolivia, 31 en
Ecuador, 22 en Colombia y 21 en Venezuela", según el ecólogo
venezolano Eulogio Chacón-Moreno.
De los
133 ecosistemas identificados, el más extenso es el Pajonal Altoandino de la
Puna Húmeda (Perú y Bolivia) con 9.676.971 hectáreas, de las que apenas 6,8 por
ciento están en zonas protegidas.
Actualmente,
la presencia de grandes reservas de agua dulce del planeta, como las que
existen en la cordillera de los Andes, transforman a los ecosistemas de montaña
en uno de los más importantes del mundo.
En ellos
y gracias a las condiciones climáticas, se conservan muchos glaciares que
surten de agua a importantes valles en el mundo entero y que permiten y
facilitan entre otras cosas el establecimiento de asentamientos humanos y el
desarrollo de importantes actividades productivas como la agricultura, la
minería, el turismo y la generación de energía a través de centrales
hidroeléctricas.
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