martes, 29 de noviembre de 2016

QHAPAQ ÑAN EN COLOMBIA

En Colombia, la red vial incaica tiene su extremo norte a través de un recorrido de 17 kilómetros en ocho municipios del departamento de Nariño, desde Ipiales (en el río Guáitara) hasta Pasto, pasando por las localidades de Potosí, Gualmatán, El Contadero, Funes, Yacuanquer y Tangua.

En Nariño las comunidades asociadas al camino lo han mantenido vivo mediante las memorias de sus usos y costumbres. El Qhapaq Ñam era el antiguo camino de peregrinación hasta el Valle de Atriz, para hacerle ofrendas al Taita Urucunina o Volcán Galeras. Según la Antropóloga Claudia Afanador, “La declaratoria no solo corresponde a los vestigios sino también a los caminos vivos; el Patrimonio Inmaterial asociado a este bien, todas las memorias de los que han transitado y las memorias de las comunidades asociadas que son las portadoras del bien”.

             

El sistema vial andino en Colombia pudo ser identificado siguiendo una metodología de trabajo que giró en torno a tres componentes. El primero buscó identificar técnicas constructivas empleadas en la realización del camino. El segundo, desde la etnografía, planteó un acercamiento a la memoria oral que poseen las comunidades respecto a la existencia del camino; y finalmente, la revisión de fuentes documentales que permitió la reconstrucción del camino desde la etnohistoria. El Qhapaq Ñan en Colombia se circunscribe al departamento de Nariño, ubicado en el suroccidente del país en la frontera con el Ecuador. En este territorio el camino se articula a ramales del sur a través de Rumichaca (puente en piedra) puente natural mencionado en crónicas del siglo XVI, y el cual hoy día, puede localizarse en cercanías al paso fronterizo entre las dos naciones.

 

Desde ahí y siguiendo en dirección sur-norte las ramales del camino se bifurcan en dos direcciones de la siguiente manera: hacia el oriente, partiendo desde Ipiales se asciende hacia el gélido municipio de Potosí, desde el cual es posible enrumbarse hacia Córdoba (antiguo pueblo Pasto de Males), para posteriormente descender hacia la olla del río Guáitara, en donde actualmente se encuentra la vía panamericana. Al ramal de occidente se accede desde Ipiales, para continuar hacia las sabanas de Pupiales, y más adelante ascender hacia el municipio de Gualmatán. Desde ahí, es posible proseguir en dirección hacia el Contadero. Desde aquel punto se puede descender y encontrar la ramal oriental para continuar hacia el norte buscando las tierras cálidas de Iles, cuyo territorio permite además, acceder atravesando el río Guáitara, a las altas lomas de Funes, en donde el camino adquiere majestuosidad al encontrarse tallado en abruptas pendientes montañosas. De ahí en adelante, el ramal continúa un camino de ascensión buscando las tierras templadas de Tangua y Yacuanquer, para finalmente adentrarse en el valle de Atriz e insertarse en la ciudad de Pasto.


Para la región de Nariño existe evidencia de ocupación humana desde los primeros siglos de nuestra era7, su poblamiento se asocia a la presencia de sociedades Pasto, Quillacinga y Abade, principalmente. Los Pastos, de acuerdo a información recuperada tanto desde la arqueología, como desde la etnohistoria y la lingüística, se constituyeron en una sociedad políticamente jerarquizada, diseminada a lo largo del altiplano Carchi (Ecuador) - Ipiales (Colombia), cuyo medio físico se caracteriza por la existencia de extensas sabanas junto a valles interandinos altamente fértiles debido a la intensa actividad volcánica ocurrida en la región. Organizados en cacicazgos –o behetrías según los ibéricos–, los pastos conformaban unidades políticas independientes bajo el mando de un cacique, su nivel de jerarquización ha podido rastrearse gracias a evidencia arqueológica recuperada en contextos funerarios, en los que la diferencia del ajuar entre tumbas de principales y comuneros fue evidente. Algunos elementos encontrados en dichos contextos se ligan a productos originarios tanto de la costa, como de la selva, estableciendo a la sierra como territorio articulador. Dicha particularidad llevó a múltiples investigadores a plantear la existencia en la estructura de la sociedad Pasto de individuos dedicados al comercio, los cuales han sido identificados como Mindalaes, de quiénes se cree pertenecían a un grupo independiente dentro de la jerarquía social y los cuales se especializaron en realizar actividades de comercio a mediana y larga distancia, valiéndose de una compleja red de intercambio que hizo posible a caciques el acceso a productos diferenciadores.


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